sábado, 8 de enero de 2011

"Los valdeangueros"

Extraída la noticia del periódico "La Verdad":

Hasta San Antón, fiestas son, dice el refrán. Es la última romería, y es así como la ciudad prolonga los festejos navideños para cerrar el ciclo en el Asilo de ancianos con una celebración tradicional que tiene en la mayoría de pueblos de la provincia manifestaciones peculiares. En Hellín es histórica la Hermandad 'Los gorrinicos', del siglo XIX.

Albacete, después del homenaje al santo abad, con la bendición de animales y el tipismo de los puestos en el exterior de la Residencia, en el pasado cada febrero vivió fiestas que tuvieron un genuino sabor local, festejos callejeros que tenían en vilo durante unas horas al vecindario, antecedente sin duda de los actos que se celebran actualmente dedicados a los patronos de los barrios. La fiesta de San Ildefonso tenía como escenario la placita de ese nombre que forma parte de Carretas, partida en dos por el mercado, y que se llamó también de Los Civiles, por la existencia junto a la iglesia de la Purísima, en el tramo final de la calle Concepción, de un cuartel de la Benemérita.

En ella se hicieron famosos los 'valdeangueros', hortelanos de Valdeganga que vendían allí sus productos instalando espectaculares pirámides de melones y sandías que vendían al grito de "¡a cala y a cata!", dando a probar la pieza a la clientela, que la rechazaba si no era de su gusto y tenía la oportunidad de cambiarla por otro ejemplar de su elección. Traían también a aquel zoco a la intemperie cangrejeras repletas de crustáceos pescados en el Júcar, que tuvieron una regular demanda hasta el comienzo de los 70, cuando la abundante producción fue amenazada de extinción por la micosis causada por un hongo extendido tras la invasión de ejemplares de origen americano que redujo notablemente las 'cosechas'.

El recinto fue perdiendo poco a poco su carácter, al desaparecer también la droguería Rabadán, de una querida familia de la calle Cornejo, en cuyo domicilio abrieron durante la guerra, en un sótano, un refugio antiaéreo. En la tienda regalaban por cada compra de la mujer un espejito femenino. La fiesta de San Ildefonso -la gente la llamaba de 'San Alifonso'- se celebraba el 23 de enero y respondía a una devoción muy arraigada en la villa. Una imagen suya se veneraba en la parroquia de la Purísima, mientras que en la iglesia de San Juan -como recuerda María Mercedes Meya Iñiguez en su libro titulado 'Las devociones perdidas'- tuvo una capilla de la que era patrón en el siglo XVIII Juan Sedeño. Su mujer, Eugenia de la Torre, pidió que la enterrasen allí. La multitud se reunía para beber y comer en los tenderetes,y al atardecer tocaba la Banda Municipal de música.

Otra fiesta de renombre fue la de 'La Candelaria', coincidiendo con la festividad de la Purificación de Nuestra Señora. el 2 de febrero. Consistía en una procesión en la iglesia de la Compañía -por la presencia de los jesuitas hasta su expulsión- a la que concurrían los feligreses ofreciendo los patronos a la Señora un par de palomas y una vela de cera blanca. En los conventos franciscanos había igualmente desfiles. Hay constancia de que en 1891 la corporación municipal asistió a la que se conocía como 'procesión de las Candelas'.